domingo, 29 de junio de 2014

¡Silencio!




“La música es la más bella forma de lo bello”
         José Martí

   Según el Pequeño Diccionario Larousse Ilustrado define a la música como el arte de combinar los sonidos de un modo agradable al oído.
   Muchos somos los que disfrutamos de una buena canción, un buen cantante, una buena música, sea el género que sea. Bailable, instrumental, sinfónica, nacional, extranjera… Un buen cubano se caracteriza por gustarle cualquier música.
   Sin embargo nuestros oídos siguen rechazando la música amplificada a todo volumen, la hiperdecibélica, y no por haberse escrito tantas veces sobre el tema de la música alta este pierde vigencia e importancia.
   Seguimos siendo víctimas de choferes inescrupulosos que llevan puesta la música, “a todo lo que da”, en los ómnibus públicos, sea la hora que sea. Mientras los pasajeros en total SILENCIO se resignan simplemente a llegar a su destino para abandonar la obligada discoteca, como si el ómnibus fuera particular y el chofer nos hubiera hecho el favor de llevarnos.

   ¿No se dan cuenta que nos están agrediendo los tímpanos? Que violan nuestros derechos, nuestro espacio. ¿Que nos obligan, torturándonos a escuchar, quizás, una música que no nos gusta?
   Estos hombres del timón no se dan cuenta que los pasajeros que dependen de ellos para trasladarse de un lugar a otro pueden llevar la tristeza de un familiar enfermo, pueden estar afligidos por haber perdido un ser querido e ir camino a acompañarlo a su última morada?
   ¿No pueden pensar que los pasajeros que trasladan, sus compatriotas, pueden estar ellos mismos enfermos o cansados de una larga jornada de trabajo?
   Lamentablemente, todavía hay algunas de estas especies que no están en peligro de extinción.
   Hay que decir que estos trabajadores del transporte realizan una gran labor, importante labor, queridos y respetados por todos. Cualquier día a cualquier hora en las condiciones que sean ellos realizan viajes y viajes para llevar a todos los ciudadanos que dependen de ese medio para trasladarse.
   Pero no podemos permitirle a algunos que violen las normas elementales de disciplina ciudadana. Nos falta también por parte de las autoridades competentes la exigencia en el momento oportuno. Sabemos también que es un deber de todos los ciudadanos cooperar con que estas normas se cumplan.
   La disciplina social tiene que estar avalada por una conciencia de respeto a los demás y a uno mismo.
   Rescatemos la ética, los valores y el respeto ciudadano. Debemos ser más exigentes con aquellos que no quieran cumplir con lo que está establecido para que la cadena social pueda volver a la normalidad.
   La culpa no la tiene nadie… como dice el Dúo Buena Fe. Pues sí, la culpa la tenemos TODOS.
   Cuando vemos que quien debe dar el ejemplo es el primer infractor de la disciplina poniendo la música en “su”, nuestro ómnibus a volumen tan alto que no podemos siquiera peguntarle al de al lado si se baja en la próxima parada, porque no nos puede escuchar.
   El ejemplo entra por casa. ¿Qué moral tendrá el que maneja la guagua en llamar la atención a quiénes no cumplan dentro del ómnibus con lo establecido, si es el primero en no cumplir?
   Yo, usted, él, aquel, el otro, TODOS, tenemos que dejar y eliminar las actitudes conformistas, la inmovilidad, las actitudes impasibles y tomar partido con todo el derecho que nos asiste a llamar la atención cuando vayamos en un ómnibus y oigamos a Marc Anthony, la Charanga o a un reguettonero dejándonos sordos.
   ¡Silencio, por favor! Bajemos el volumen.