jueves, 26 de junio de 2014

Antígonas cubanas



grupo teatral cubano El Público
   Después de haber culminado una semana de trabajo en el turno de la noche, me organicé para el domingo disfrutar de una obra de teatro. Como uno de mis favoritos es el afamado director y dramaturgo Carlos Díaz, director del grupo de teatro El Público, me dirigí a su sede en el Teatro Trianón, a ver la obra Antigonón, un contingente épico, escrito por Rogelio Orizondo y dirigida por Carlos Díaz.
   Sabía que llevaba mucho tiempo en escena, y como nunca quiero escuchar opiniones ni leer críticas antes de enfrentarme yo misma para tener mis propias opiniones, llegué el domingo un poco antes de las cinco, totalmente desarmada de cualquier influencia.
   Antigonón…, actuada magistralmente por dos jóvenes actrices en lo que constituyó su tesis de grado del ISA, Giselda Calero y Deysi Forcades, los dos muchachos Luis Manuel
Álvarez y Abel Berenguer, así como Linnet Hernández la mulata, representando a Mariana Grajales, con un texto fuerte y emotivo, digno de una Mariana de ayer, de hoy y de siempre.
   Desde el mito griego de la Antígona de Sófocles, condenada a ser enterrada viva por dar sepultura al cuerpo de su hermano, vemos en esta puesta las Antígonas cubanas, jóvenes que enfrentan y “entierran” también problemas de una sociedad llena de conflictos y pérdida de valores, vulgar y envuelta en soluciones no fáciles de encontrar.
   Antes de comenzar se aprecia una escenografía llena de imágenes de batallas, luchas, héroes e historia. Películas con la historia de las guerras de independencia. Símbolos de héroes como Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro, la Antígona que escolta el cadáver de su general y se suicida.
   Ya comienza la función con las actrices y actores completamente desnudos, transparentes, silenciosos. Versos de Martí en su discurso, y un vestuario espectacular.
   La Patria, nuestra Patria, Cuba, está presente en toda la obra con provocadores monólogos llenos de una carga de lo que es y lo que debe ser. De los jóvenes de nuestros tiempos. De los fríos mármoles que acogen a los héroes de carne y hueso, a los que lucharon por nuestra independencia.
   En los monólogos y actuaciones está siempre presente nuestra cruda realidad, la convivencia con nuestros problemas, que a veces los jóvenes no entienden muy bien, pero que duele, que sabemos que tenemos que hacer y que están ahí. 
   La obra tiene muchas caras, la anciana, la que le gusta el reguettón, delincuentes, la diversidad de género, gay, la desnudez de opiniones, gestos y actuaciones.
   Esta obra nos lleva de la mano todos los problemas de la sociedad y el vivir día a día. Es
marginal, con gestos y discursos vulgares que inconscientemente como puros cubanos te llevan a la risa, sabiendo que está fuerte y que es una cruda realidad.
   Antígona cubana, real, diaria, que no obstante las vicisitudes, desprende sacrifico, amor e historia junto a la familia, nuestros héroes y nuestra Patria.
   Termina la obra y risa, emoción y lágrimas se me unen en una misma cosa. Finaliza y quedo confusa, con muchos diálogos que rápidamente pasan y se aglomeran en mi mente, y una realidad envuelta en una emergente atención a los urgentes problemas. Aplausos, muchos aplausos, dignos aplausos se han merecido todo el equipo de actrices, actores, directores, vestuaristas, escenógrafos y técnicos.
   Me queda volver a visitar a Antigonón, me queda, en una próxima visión, poder hacer una mejor lectura de diálogos y discurso.
   Los invito a que lo visiten y lleguen allí con mucha fuerza revolucionaria y juvenil, imbuidos en una desnudez artística y épica, de lucha, comprensión y solución a nuestras necesidades actuales.
    Antigonón, un contingente épico cubano.





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