lunes, 20 de mayo de 2019

Capitolio Nacional, joven en sus 90



“El Capitolio es de innegable belleza, serena y majestuosa, de líneas pura y severamente clásicas, de proporciones admirables donde contrasta la horizontalidad de las fachadas con la elegante esbeltez de la cúpula”
-       Emilio Roig de Leuchsering

  Es prácticamente imposible en tan corto espacio y con tan breve tiempo contar la formidable historia del Capitolio Nacional de Cuba, situado en el Paseo del Prado, entre el Parque de la Fraternidad y el Gran Teatro de La Habana, e inaugurado el 20 de mayo de 1929 bajo el gobierno de Gerardo Machado, y que hoy, está cumpliendo 90 años.

En el lugar donde hoy está el Capitolio fue, anteriormente, una extensa ciénaga, después un Jardín Botánico y luego la Estación Ferroviaria de Villanueva.
Estación de Villanueva
Después de adquirir los terrenos de la Estación, el congreso decidió, en 1910, construir lo que sería la sede del palacio presidencial. Se creó por Decreto una Comisión que presentaría las bases del concurso internacional para la selección  del diseño de lo que sería la casa de gobierno.
El 7 de agosto de 1911 el primer proyecto y ganador se presentó con el nombre de La República y tendría 100 metros de frente por 70 de fondo y 1 200 000 pesos de presupuesto. Marchó la obra hasta el gobierno de Mario García Menocal, quien aprobó una ley el 2 de julio de 1914, derogando las disposiciones anteriores y orientando la construcción del Palacio de los Congresos concediendo un crédito de 1 00 000 de pesos a razón de 200 000 anuales y una indemnización de 70 000 a los contratistas. Se modificaron los planos y lo ya construido y se encargó para la nueva obra a los arquitectos cubanos Félix Cabarrocas y Mario Romañach.
En un segundo proyecto Cabarrocas transformó completamente el original tomando como modelo un edificio de renacimiento francés y cambió el estilo de la cúpula por uno de sección cuadrada. Mientras él se encargó de las fachadas y las plantas, Romañach se dedicó a las elevaciones interiores.
El 4 de noviembre de 1914 la continuación de las obras se le confió a la sociedad constructora La Nacional, con un presupuesto que ascendía a 2 008 390 pesos. En 1919 se paralizaron los trabajos por Mario García Menocal como consecuencia del aumento de su costo por parte de los contratistas. El 21 de octubre de 1921, a pesar de estar adelantadas las labores, el presidente Alfredo Zayas decretó paralizarlas, pues la crisis económica del país impedía continuar. El terreno fue arrendado a una compañía particular para que instalara allí el Havana Park, un parque de diversiones que tenía hasta una montaña rusa. Con el tiempo desaparecieron todos los instrumentos de los contratistas y lo edificado se fue deteriorando.
El secretario de Obras Públicas, doctor Carlos Miguel de Céspedes, encomendó un nuevo proyecto, a los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas. Esta vez se dispuso subastar la construcción del Capitolio por decreto presidencial, y fue ganada por la Compañía de gran prestigio y solvencia, Purdy and Henderson. Introdujo al proyecto algunos cambios, siendo el más revelador el de la cúpula que la concibió más apuesta y enorme.
En este tercer proyecto la obra fue reiniciada en 1926. Participaron ocho mil hombres, españoles en su gran mayoría, cubanos y de otras nacionalidades, pues en el país no existía fuerza de trabajo para acometer una obra de tal magnitud y especialidad. Tampoco las herramientas ni máquinas idóneas capaces de dar molde a las piedras semejantes al mármol. Fueron instaladas nueve sierras con hojas de dientes desmontables y sembrados de diamantes que los canteros usaban para rebajar y ejecutar los acabados a las piedras de capellanía. Una grúa potente con capacidad para 15 toneladas era la encargada de descargar y alinear las piedras en caso de que no fueran a utilizarse inmediatamente. Luego el toque humano le daba el acabado necesario.
Las lámparas de bronce, los capiteles y las columnas del Salón de los Pasos Perdidos fueron encargados a Sunnier Duval Frisquet, de Londres. Las lámparas del salón de la presidencia del Senado y las de cuarenta bombillas de la Cámara de Representantes, todas de bronce laminado con oro viejo y cristales dorados con oro al mercurio, se hicieron en la Societé Anonime Bague, de París. Los mármoles que adornan el Salón de los Pasos Perdidos, el Senado y las escaleras de honor son de sesenta calidades diferentes. Todos los mármoles fueron traídos de Italia, incluido en antico verde.
La base de la estatua que simboliza la República está hecha de ónix egipcio antiguo. El bloque macizo, de formación estalactítica muy rara, pesa 300 quintales.
En el salón de conferencias del Senado hay un zócalo de mármol verde de los Alpes, con comisa de ónix dorado de Marruecos. Las pilastras son de mármol cipollino dorado oxidado. Los herrajes fueron encargados a la Yale de Standford, en Connecticut, Estados Unidos, que también confeccionó las cerraduras de estilo renacimiento italiano de la planta principal. Las oficinas de los secretarios de la Cámara de Representantes y el Senado las tienen estilo Jorge V, en tanto las de la Cámara son estilo imperio. Todas de bronce fundido con acabado de bronce antiguo.
De Cuba se utilizaron cinco millones de ladrillos, 150 mil bolsas de cemento, 3 500 000 pies de madera, 38 000 metros cúbicos de arena, 3 500 toneladas de acero natural, 2 000 toneladas de cabillas y 40 000 m3 de piedra picada. 
Conduce a la entrada principal del edificio una ancha escalinata de granito, con 55 escalones, 36 metros de ancho y 16 de alto.  A ambos lados del fin de la escalera aparecen dos impresionantes grupos escultóricos de bronce con pedestal de granito y una altura de 6,70 metros, del italiano Angelo Zanelli, una masculina que representa el progreso de la actividad humana, y la otra femenina que encarna la virtud tutelar del pueblo. Dos macizos en los extremos y doce columnas de orden jónico, seis en primera línea y las otras en la segunda línea de muros. Los pilares y los apiteles jónicos y romanos de dos caras destacan por sus enormes dimensiones. En el recibidor, en todas las puertas y los paneux laterales, hermosos recuadros de mármol Boticcino esculpidos por Angelo Zanelli.
Las logias, compuestas por columnas con sus bases y capiteles decorados y que forman entre ellas nueve intercolumnios en cuyos ejes están las amplias ventanas que dan al Salón de los Pasos Perdidos, y sobre ellas, recuadros esculpidos o metopas labradas en piedra en bajorrelieve, inspirados en temas simbólicos de la vida cubana.
Los decorados del lado derecho del pórtico capitolino significan el comercio terrestre, la molienda, el trabajo, la minería, la instrucción, la cerámica, la justicia, la mecánica, la familia, la industria ligera y el comercio marítimo. Los del ala izquierda a los descubridores, la siembra, los leñadores, la carpintería, el tabaco, la metalurgia, la agricultura, la caña, la forja de metales, la destilería y las hilanderas. Otras cuatro piezas en cada uno de los pabellones extremos, tres se hallan en sus frentes correspondiendo a sus tres intercolumnios. En el pabellón de la derecha están representadas la danza, la música, la poesía y la arquitectura. En el de la izquierda: las matemáticas, la química, la astronomía, y la física.
Foto Juvenal Balán
Por su elegante y monumental cuerpo, la cúpula deja ubicar al edificio desde diversos sitios de La Habana. Su altura alcanza los 91,73 metros. Atravesando el pórtico central  llegará a la rotonda bajo la cúpula. En su centro, y bajo la aguja central de la cúpula se halla el brillante de 25 quilates, que ubica el kilómetro cero de la Carretera Central. Se destacan en la cúpula los escudos de las antiguas seis provincias cubanas, y al final de cada una de las salas están las puertas de acceso a los salones y galerías, coronadas con el escudo nacional en bronce.
Foto: Juvenal Balán
En su nicho se aprecia la Estatua de la República, con un peso de 30 toneladas y una altura total de 14,60 metros, descansa sobre un pedestal de mármol de 2,50 metros. Es la figura de una mujer joven de pie, vestida con una túnica, con casco, escudo y lanza. Fue esculpida por Angelo Zanelli y para su modelaje se escogió a la cubana Lily Lalty. Por su tamaño es la tercera estatua bajo techo en el mundo.
Hermosa decoración y estilos arquitectónicos, mobiliario original, escaleras y puertas con mármoles y bronce respectivamente, destacan los salones. El Salón Baire, Salón Bolívar, Salón Baraguá, Salón Martí, que sirvió de antesala a la biblioteca. En todos ellos se reiteran rosetones con las iniciales, entrelazadas, de la República de Cuba. Creadas por artistas cubanos, y fundidas en Francia. Se aprecia el trabajo de los techos y puertas de los salones Yara y Jimaguayú, destinados a las reuniones de los comités de la Minoría y de la Mayoría parlamentarias.
En la parte posterior del edificio se encuentra el vestíbulo que conduce a las Escaleras de Honor, la cual debe su nombre a que sólo podía ser utilizada por los parlamentarios.
Los nombres de cinco obreros que perdieron la vida durante la construcción se encuentran grabados en una lápida que dice: " Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia y espíritu.”
Después del triunfo de la Revolución,  se convirtió en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Academia de Ciencias y se abrió a la población.
Por el grado de deterioro que presentaba se decidió cerrarlo para su estudio y posterior labores de restauración que comenzaron en el 2012. Esta tarea estuvo a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que dirigida por Eusebio Leal Spengler, logró rescatar los valores históricos y arquitectónicos de la emblemática institución.
Ha sido escenario de acontecimientos históricos y políticos, el 5 de julio de 1940 se promulgó en su escalinata la Constitución de 1940. En el año 2010 fue declarado Monumento Nacional y actualmente radica allí la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Después de su restauración abrió las puertas al público, y sus visitas son siempre guiadas y organizadas en grupos de 15 personas, las que podrán acceder a la instalación en horarios diferentes de martes a domingos.
Se ha convertido en tradición en Cuba que los visitantes de otras provincias del país y los turistas extranjeros se tomen fotos frente al distintivo y majestuoso edificio.
El Capitolio Nacional es el más grande símbolo de La Habana, la edificación más conocida y popular de los cubanos y en especial de los que nos visitan. Es considerada una joya arquitectónica del hemisferio occidental. 

8 comentarios:

  1. Es una construcción impresionante y muy lujosa como edificio. Además de histórica y magnánima. Vale la pena visitarlo.

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    1. Gracias Luis por pasar por esta esquina y dejar su comentario. Saludos

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  4. Es una obra impresionante por fuera y mágica por dentro, creo lei que después de su remodelación va a ser utilizado para el Consejo de Estado.

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  5. Está a Asamblea nacional del Poder Popular. Gracias por comentar. Sldos

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