jueves, 30 de abril de 2015

Tres primaveras*


Ho Chi Minh
Ya en 1973 yo trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y desde entonces han corrido 42 años. Se dice fácil y muy rápido. Tenía apenas 17 años y me enfrentaba a la vida laboral por primera vez.
En ese lugar, conocí a un gran amigo también muy joven, hoy seguimos haciendo tertulias y polemizando de diversos temas, ya es como de la familia.
Este hombre autodidacta, con una cultura política-ideológica integral, conocedor del idioma francés ha participado en varias batallas y conflictos en diferentes lugares de este hemisferio. Fue testigo y partícipe de la guerra en Vietnam.
La liberación de Vietnam del Sur ocurrió el 30 de abril de 1975. Hoy se conmemora el 40 aniversario y por eso les invito en un pequeño homenaje a recordar algunos sucesos y acciones que llevaron a que se lograra la liberación. Esto no es más que una pincelada de testimonios de mi querido amigo Adanelio Benavides Ramos quien escribió y tituló:

“Tres primaveras* para la correlación: Medalla.”

   Pero antes de inaugurarlas y hacerlas estallar progresiva, audaz y brillantemente, el maravilloso pueblo de Ho Chi Minh tuvo un verano intenso e inolvidable que alcanzó su apoteosis en agosto de 1945, cuando en solo 23 días desarmó a los japoneses que ocupaban la nación.
   La Revolución de Agosto (que así la llaman los vietnamitas) llegó a su clímax ese dos de septiembre en la Plaza Ba Dinh cuando el Tío Ho, sin protocolo alguno, ataviado con ropa sencilla y de última hora, algunos papeles en la mano, proclamaba, ante medio millón de hanoianos, que a partir de ese instante él y su pueblo serían libres para siempre: había nacido la República Democrática de Vietnam.
   De la multitud brotó un potente y alegre alborozo que viajó por el éter hacia todas las latitudes del planeta. Aquella estación de fuego en la lejana Indochina estaba condicionando tres primaveras extraordinarias en la historia contemporánea del mundo.

   El alborozo vietnamita rebotó en las paredes de algunas capitales occidentales, principalmente París y Washington. La primera, apoyada ampliamente por la segunda, se lanzó en diciembre de ese propio año a recuperar su ex-colonia, y atacó Vietnam en toda la línea.
   El poeta-líder-presidente y su pueblo se repliegan a las selvas y a las montañas, reorganizan y ajustan sus fuerzas; elaboran, desarrollan y perfeccionan la estrategia de “guerra de todo el pueblo” y generalizan la resistencia y los combates en toda Indochina. 9 años después, en la primavera de 1954 exactamente el día en que se inauguraba la Conferencia de Ginebra, una de las sombras azules de Ho Chi Minh, Phan Van Dong, entró en aquel salón de negocios y dijo: “es inútil que sigan la guerra, Dien Bien Phu cayó en nuestras manos; les ofrezco el olivo y la paloma”.
   El representante francés quedó estupefacto, casi infartado; el inglés y el norteamericano, boquiabiertos, dejaron caer sendas pipas y los demás allí fruncieron el ceño como diciendo: “recoge y vámonos”.
   Ciertamente, en el valle de Dien Bien Phu, los asombrosos soldados vietnamitas habían aniquilado y hecho prisioneros 16 mil 200 hombres de la famosa legión extranjera, entre ellos 1 general, 16 coroneles, 1749 oficiales y suboficiales; derribaron o destruyeron en tierra 62 aviones de todos los tipos, ocuparon todas las armas, municiones y equipos del enemigo, especialmente 70 mil paracaídas. Esa derrota significó el principio del fin del sistema colonial francés a nivel global tal como lo muestran los acontecimientos siguientes:
- En aquella península histórica Laos y Cambodia se salieron del control colonial francés y fueron libres.
- En África, la repercusión más rotunda y rápida ocurrió al norte del continente, frente al Mediterráneo, cuando en noviembre de 1954, los argelinos dijeron “basta y echaron a andar”, culminando su cruenta lucha en 1962, fecha en que los Acuerdos de Evian, “refrendaron su  victoria y su independencia”.
- Los efectos correlativos se extendieron a otras áreas del continente negro.
- La portentosa hazaña vietnamita significó, de paso, la primera bofetada militar que ese humilde pueblo propinó a Washington en pleno rostro porque ese gobierno había sufragado el 80 % de los esfuerzos de guerra que hizo Francia por recuperar a su indomable ex-colonia.
   Cuando años más tarde el paralelo 17 marcó la división artificial de Vietnam, ya en el rostro del imperio de EE.UU. estaban dibujadas esas grandes derrotas político-militares, causas de un conocido síndrome del que no han podido recuperarse.
   Ningún paralelo podría amilanar a un pueblo fogueado históricamente ante potentes enemigos; ni nublar la aguda inteligencia estratégica y táctica de sus dirigentes.
   Ante las maniobras y acciones agresivas de Estados Unidos, Vietnam reaccionó consecuentemente y ante el poderío técnico-militar de aquel, respondió con gran astucia, creatividad y enorme capacidad de sacrificio.
   Todas las variantes militares y políticas fueron derrotadas hasta que en febrero de 1965  EE.UU. decide intervenir directamente con tropas norteamericanas de combate en la parte meridional de Vietnam y atacar con masivos e incesantes ataques aéreos y navales la septentrional.

Perdieron la partida:
Tres años después el Tío Ho, el Presidente-líder-poeta, saludó la primavera de 1968 con un poema, donde uno de sus versos decía: ¡Adelante!
   Desatándose un Tifón de fuego combativo y revolucionario sobre las tropas yanquis de ocupación, sus títeres y sus satélites (Australia entre ellos).
   El “vietcong” cercó y atacó simultáneamente unas 140 ciudades, pueblos y bases militares importantes, incluida la jefatura del general William C. Westmoreland en el “superaeropuerto” de Tan Son Nhat y la embajada-bunker de Estados Unidos en Saigón.
   Había sido la famosa “Ofensiva del Têt” que repercutió hondo, tanto dentro como fuera del imperio:
- Basculó la correlación de fuerzas en el teatro de operaciones y obligó a Estados Unidos a pasar a la defensiva estratégica en el sur de Vietnam.
- Fue destituido el general Westmoreland como jefe de las fuerzas norteamericanas de agresión.
- Estados Unidos tuvo que sentarse en París a negociar con los vietnamitas.
- El entonces presidente Johnson se negó a mandar más tropas al país indochino; limitó los bombardeos en el norte de Vietnam y el Primero de noviembre de 1968 los suspendió totalmente.
- Anunció que no se presentaría a elecciones para un segundo mandato.
- El pueblo estadounidense intensificó su lucha contra la guerra de diversas maneras.
- El gobierno de Estados Unidos no pudo “ajustar las cuentas”, como era su propósito agresivo en la década del 60, ni a Cuba ni a Corea Democrática, cuyos pueblos, entre tanto, fortalecieron su potencial defensivo.
- Algunos pueblos de nuestra América ensayaron giros a la izquierda que fracasaron en sus momentos, pero que sirvieron para consolidar, años más tarde, una tendencia que ya sería inexorable como la historia se encargó de demostrar.
- Los corazones progresistas se regocijaron en todo el planeta y las izquierdas, las verdaderas, avanzaron.
- Las brillantes acciones de la primavera vietnamita estremecieron al imperio de Estados Unidos, lo maniataron globalmente y por un tiempo significativo le limitaron su poderío militar.
   Obtusos e incapaces de ver claro el cuadro estratégico regional y mundial que se había conformado luego de la “Ofensiva del Têt”, los halcones de la Casa Blanca, a pesar de estar negociando en París, volvieron a probar fuerza: intensificaron los bombardeos a Laos, golpearon el estado de Cambodia y cruzaron su frontera en1970; minaron los puertos de la RDV y lanzaron contra Hanoi y Haiphong sus bombarderos estratégicos B-52 en 1972.

Volvían a perder la partida
   El heroico pueblo del Tío Ho resistió a pie firme la cruel embestida, barrió con sus cuerpos las minas en Haiphong y demolió en el aire una treintena de esos bombarderos.
   A la altura de esos acontecimientos, el pueblo norteamericano ya estaba desbordado en su lucha contra la guerra y en ese camino había dejado cuatro jóvenes mártires de la Universidad de Kent, en Ohio.
   En enero de 1973, los representantes de EE.UU. en París (Kissinger entre ellos) firmaron la derrota, recogieron y se fueron de Vietnam con un punzón encajado en sus más siniestras entrañas.
   Todo aquel aparato artificial (gobierno, “república” y ejército títere) montado por EE.UU. en el sur de Vietnam para justificar su presencia agresiva en el país indochino, quedó colgado de un conteo regresivo que llegó a cero a las 2 de la madrugada del 10 de marzo de 1975, cuando las luces de la tercera primavera iluminaron las primeras acciones del “Vietcong” en la montañosa ciudad de Buon Me Thuot.
   Las acciones se generalizaron en todo el sur de Vietnam con una dinámica tan intensa que el 30 de abril ya los asombrosos soldados anamitas avanzaban de modo trepidante por las calles de Saigón, todos con un nombre en la mente, en la boca, en el corazón: Ho Chi Minh.

Para él la medalla.
(*) Para los vietnamitas la primavera es la más bella de las estaciones y la viven asociándola a acciones sociales, humanas y festivas.
   También enmarcan en la primavera sus acciones militares decisivas en ofensivas de carácter estratégico, y para ello extienden la estación de las flores a febrero y a enero como tiempo en el que transcurrirán determinadas acciones.
   Es así que la trascendente Batalla de Dien Bien Phu comenzó el 13 de marzo de 1954; la Ofensiva del Têt la iniciaron el 31 de enero de 1968 y la que terminó con el régimen títere de Saigón y la ocupación de EE.UU. que la desataron el 10 de marzo de 1975.
   Por cierto la Ofensiva del Têt llevó el título oficial siguiente: “La ofensiva general de la primavera de 1975 y sublevaciones populares”.