viernes, 29 de agosto de 2014

Manuel Navarro Luna: El poeta de la Revolución

    Prestigiosas figuras dijeron del poeta: Enrique José Varona escribió que “la importancia de sus versos residía en el espíritu que los vivificaba”… De Pulso y onda dijo Rafael Alberti que lo ubicaba en el meridiano de su tiempo… Juan Ramón Jiménez dijo: “gran poesía la suya, donde la increíble riqueza de imágenes corre pareja con su musicalidad augusta y resonante”… Cintio Vitier expresó “Cuba está íntegra en su palabra y en su gesto de gran poeta”… y Juan Marinello aseguró que era el poeta de la Revolución.

   El 29 de agosto de 1894 nació en Jovellanos, provincia de Matanzas el poeta y periodista revolucionario cubano Manuel Navarro Luna.
   Su familia fue de raíces mambisas. Su padre, capitán del ejército español, fue asesinado por sus compañeros después de descubrir su apoyo a la independencia de Cuba.
   Navarro Luna vivió en Manzanillo desde su niñez, donde pasó casi toda su vida. Estudió música y se desempeñó en varios oficios como limpiabotas, sereno; pero fundamentalmente como barbero.
   Su poesía se da a conocer en 1915 cuando publica en varias revistas manzanilleras. Inmediatamente en ese mismo año, el Primero de Mayo se identifica públicamente en sus actividades revolucionarias leyendo el soneto titulado Socialismo.

   En 1930 ya es miembro del Partido Comunista y participa en actividades contra la dictadura machadista. Por sus convicciones y labor políticas sufrió persecución y prisión. Trabajó en la alcaldía de Santiago de Cuba junto a Paquito Rosales, donde se entregó totalmente a la lucha social.
   Colaboró desde la clandestinidad con los grupos revolucionarios en la lucha contra Batista.
   Sus ideales revolucionarios, el amor a la patria y a las figuras independentistas, así como la situación social e histórica que vivía nuestro país siempre estuvieron presentes en sus obras.
   En sus más emotivos poemas aparecen la figura de Antonio Maceo, Mariana Grajales y nuestra Ciudad Héroe, Santiago de Cuba.
   Luego del triunfo revolucionario en 1959 se incorporó al proceso de cambios para construir una sociedad más justa.
   Como periodista participó activamente en la prensa tanto radial como escrita y colaboró en distintas publicaciones. En los distintos actos públicos que se realizaban en esa etapa llevaba al pueblo sus versos patrióticos.
   Aun cuando su salud ya estaba deteriorada él seguía ofreciendo conferencias, recitales y colaborando como periodista hasta que desaparece físicamente en La Habana el 15 de junio de 1966, próximo a cumplir los 72 años de edad. 
Cada año se le rinde homenaje de recordación en peregrinación hasta donde reposan sus restos.
   El Centro de Promoción Manuel Navarro Luna instaurado en 1994 es una institución que trabaja con el objetivo de recuperar la memoria literaria y en la promoción y diálogo con nuevos escritores. También cada año se realiza el evento de poesía en su honor y se entrega el Premio Manuel Navarro Luna a los mejores poemarios inéditos del país.

SANTIAGO DE CUBA 

Deja que los muertos entierren a sus muertos

¡Es Santiago de Cuba! 
¡No os asombréis de nada! 

¡Por allí anda la madre de los héroes! 
¡Por allí anda Mariana! 
¡Estaréis ciegos 
si no veis ni sentís su firme y profunda mirada...! 
¡Estaréis sordos si no escucháis sus pasos; 
si no oís su tremenda palabra! 

“¡Fuera! ¡Fuera de aquí! 
¡No aguanto lágrimas!” 

Así exclamó aquel día, junto al cuerpo de Antonio 
— ¡de Antonio, nada menos, que sangraba 
herido mortalmente!— cuando todas 
las mujeres allí gemían y lloraban...! 

“¡Fuera! ¡Fuera de aquí! 
¡No aguanto lágrimas!” 

¡Es Santiago de Cuba! 
¡No os asombréis de nada! 

Allí las madres brillan 
como estrellas heridas y enlutadas. 
Recogieron el cuerpo de sus hijos 
derribados por balas mercenarias, 
y, después, en la llama del entierro, 
iban cantando el himno de la Patria. 

¡También lo iban cantando, junto a ellas, 
el corazón, sin sueño, de Mariana...! 

“¡Fuera! ¡Fuera de aquí! 
¡No aguanto lágrimas!” 

Hay muertos que, aunque muertos, no están en sus entierros; 
¡hay muertos que no caben en las tumbas cerradas 
y las rompen, y salen, con los cuchillos de sus huesos, 
para seguir guerreando en la batalla...!

¡Únicamente entierran los muertos a sus muertos! 
¡Pero jamás los entierra la Patria! 
¡La Patria viva, eterna, 
no entierra nunca a sus propias entrañas...! 

¡Es Santiago de Cuba! 
¡No os asombréis de nada! 

¡Los ojos de las madres están secos 
como ríos sin agua! 
¡Están secos los ojos de todas las mujeres! 
Son fuentes por la cólera agostadas 
que están oyendo el grito 
heroico de Mariana: 

“¡Fuera! ¡Fuera de aquí! 
¡No aguanto lágrimas!” 

¡Venid! ¡Venid, clarines! 
¡Venid! ¡Venid, campanas! 
¡Venid, lirios del fuego, 
a saludar las rosas de vuestras propias llamas! 

Agosto de 1957


A CAMILO 

Tienes que estar caído, 
tremendamente desgarrado y caído, 
para que no respondas al pueblo que te llama 
y ahora te busca entristecido, 
en la sombra, en la luz, en la llama; 
en los desfiladeros trágicos, en la fuerte, 
en la fría razón de la caída... 
¡A ti, libertador de nuestra vida...! 
¡A ti, libertador de nuestra muerte...! 

Tienes que estar despedazado, destruido, 
para que tú, Camilo, siempre un mástil erguido, 
un nardo nazareno enardecido, 
ahora no le respondas, 
con tu voz limpia y alta de metal afilado, 
a estas tercas y hondas 
angustias de tu pueblo consternado. 

¡Tienes que estar tremendamente muerto...! 
¡Tremendamente muerto...! 
¡Muerto! 
¡Muerto! 
Camilo Cienfuegos... ¡muerto! 

¡Bueno, Patria profunda y herida, 
Patria mía dolida, 
si es cierto 
que Camilo Cienfuegos está muerto, 
coge el llanto y exprímelo en tus llamas 
y abre al sol tus eternos oriflamas...! 

Te quedan otros hijos, otros fuertes escudos, 
otras espadas fuertes, ilustres y gloriosas. 
El camino es de golpes terribles y sañudos 
y no de lirios y de rosas. 
Pero responderán, en violentos anillos 
de cólera y de muerte, los guajiros viriles. 
¡Será un trueno tremendo de cuchillos...! 
¡Será un trueno tremendo de fusiles...! 

Tú, Fidel, tú, Guevara, 
tú, Raúl, y tú, Almeida… ¡Comandantes…! 
¡Siempre daréis la cara...! 
Siempre saldréis al fuego, no después, sino antes. 
Pero a la calle fría, donde las sombras viles 
se arrastran como sierpes cobardes y traidoras, 
salid siempre con un cinturón de cuchillos 
y con un cerco de ametralladoras.

2 de noviembre de 1959 
                          

¡ADELANTE!

Era joven y fuerte. Y yo sé que tenía
La obsesión de una estrella que fulgía
En la sombra de un cielo horripilante.
Dicen que estaba loco, porque sólo sabía
Mirarla y exclamar: ¡Adelante…! ¡Adelante…!

En la mazmorra fúnebre donde fue sepultado
En una noche horrenda, y allí martirizado
Por la guardia feroz y repugnante,
Se levantó del suelo ensangrentado
Para exclamar tan solo: ¡Adelante…! ¡Adelante…!

Aunque nada en las sombras se despierte
Sobre la llama inerte,
Siempre se escuchará su clamor delirante
Sobre los propios hierros de la muerte;
¡Adelante…! ¡Adelante…!