viernes, 7 de noviembre de 2014

Al alcance de todos



Debía comenzar una dieta alimenticia, fundamentalmente, rica en viandas, vegetales verdes y blancos y pollo, tenía el ácido úrico muy alto. Un amigo me aconsejó comprara en un agro que estaba surtido de hortalizas y vegetales frescos que venían directamente de una cooperativa; pero como no podía ir personalmente por el reposo de mi querida e imprescindible rodilla, no reparé en el consejo.
   Me mejoré y pude un día, de vuelta de mi fisioterapia, dirigirme a comprar algunos vegetales.
   Mi amigo tenía razón, viandas, hortalizas y vegetales frescos y con calidad. Me dispuse a comprar un mazo de acelgas. Leo en la tablilla el precio: seis pesos. Los mazos traían dos acelgas grandes y en ocasiones tres chiquitas.
   Teniendo en cuenta que los vegetales se deben consumir frescos, que se marchitan muy rápido y que para mí eran demasiados me dispuse a hablar con el vendedor para que me dividiera el mazo de dos acelgas y compararía solo una por tres pesos.
   ¡No se puede! eso es lo que está ORIENTADO. ¡¡¡Me quedé sorprendida!!! Pero….
¿Orientado por quién?

   ¿Por qué estaba obligada a comprar mazos confeccionados con varias acelgas, por un precio mayor? Por qué yo debía comprar un producto que se me echaría a perder a los dos días si no lo consumía desayuno, almuerzo y comida?
   Debía tomar una decisión. Me gastaba los seis pesos y botaba a los dos días una de las acelgas ya marchitas, más tres pesos, o no incorporaba a mi dieta necesaria para mi salud esa sabrosa hortaliza.
   Pregunté quién era el responsable que había dado tal orientación. Silencio por respuesta. Otro vendedor, de edad más avanzada, me incitó a que buscara al administrador; pero nunca apareció. Ese día no comí acelgas.
   Otro día me encontré la col, todas a un mismo precio, bastante alto por cierto, fuera grande-grande o chiquitica-chiquitica. Y pregunté por qué no ponen también la fruta bomba así, por ejemplo, todas a un mismo precio, tenga el tamaño que tenga?
   Unos días más tarde mandé a mi hija a buscar un paquete de pollo a la tienda que vende en CUC. Regresó sin la compra encargada. El dinero que le había dado no le alcanzaba para comprar. Los paquetes de pollo que habían preparados eran todos de 7 CUC en adelante. ¡¡¡Horror!!!!
   ¿Por qué solo podían comprar paquetes de pollo aquellas pocas personas que contaban con ese dinero? ¿Por qué no podía incorporar a mi dieta el pollo con los 5 CUC ($125.00 MN) que yo tenía? Pensé. O hacen los paquetes grandes para salir rápidos de ellos o para
no venderlos. Creo que me encontraba entre la mayoría afectada por los precios.
   ¿Por qué no confeccionamos paquetes para todos los gustos y alcance monetario?
   ¿Quién es responsable de todas estas arbitrariedades? ¿Dónde está el sentido común?
   Después escuchamos a esos mismos personajes que nos quieren sacar el jugo con los precios, incluso, aunque la mercancía se les quede sin vender, reclamar a grandes voces cuando van a un restaurante y el plato es muy caro, o exigen a gritos cuando llegan a un hospital ser atendidos con excelencia o que su hijo en la escuela tenga el mejor maestro.
   Pensemos en que todos necesitamos tomar el mismo tren.
   Un día unos, otro día otros; pero todos vamos transitando por el mismo camino.
Respete usted primero para que lo respeten después. Sea usted consecuente con sus semejantes, póngase en la piel de los demás.
   Actúe con justeza y prudencia. Haga bien su trabajo cualquiera que sea. Ayude al prójimo y entonces así, entre todos podremos tener una sociedad mejor. Entonces así podremos cooperar con lo que nos toca para ser mejores personas y educar a los más jóvenes con nuestro ejemplo.
   Luchemos porque nuestro quehacer diario esté al alcance de todos.