lunes, 3 de diciembre de 2018

Mi buen Doctor



“Los médicos deberían tener siempre llenas de besos las manos”
-       José Martí

Hay veces que pensamos y planeamos, y hasta lo vislumbramos, cómo serán los próximos días, meses y hasta años, en nuestra vida; pero no esperamos, ni imaginamos, que en un segundo, con un solo giro, nuestro futuro pueda cambiar. Puede ser para bien o para mal, pero cambiar. 

El 20 de marzo de este año 2018, a solo diez días de ser oficialmente una jubilada, sufrí una caída en la escalera del edificio de mi casa, ocasionándome fractura del tobillo izquierdo con lesión en los huesos de la tibia y el peroné. Fui operada de urgencia, y se dispuso, para mantener correctamente en su lugar los huesos lastimados, una placa con tornillos de metal. A las seis semanas posteriores fui sometida a una segunda intervención para retirar uno de los seis tornillos que junto a la placa conservan la correcta colocación, esta vez cirugía menor. En los meses siguientes he mantenido el reposo y fisioterapia para una mejor rehabilitación.  Ciertamente no era lo que hubiera querido hacer en estos tiempos, pero lo he asumido con toda la disciplina y la paciencia que lleva un diagnóstico así.
Este triste accidente me ha permitido valorar la vida en mayor escala, he constatado muy de cerca el amor, la amistad y la solidaridad de mi familia y amigos, proporcionándome una felicidad infinita.
Hospital Salvador Allende
Con este suceso tuve la suerte de conocer al Doctor Daniel Lorié Cantelar, Especialista en Ortopedia y Traumatología del Hospital Docente Clínico Quirúrgico Dr. Salvador Allende (La Covadonga).  
Él, joven de apenas 31 años, sencillo, cariñoso, respetuoso, humano, y, un profesional a toda prueba. También supe por otro operado, en mi primera consulta postoperatoria, que es de la cuarta generación de ortopédicos en su familia. Tradición que lleva con orgullo añadido.

Hoy 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, modestamente intento desde mi blog, homenajear y agradecer su dedicación, simpatía y competencia. Y demostrar el honor que tengo de encontrarme entre sus pacientes.
Los aquejados de ortopedia y traumatología sufren mucho por lo doloroso y el largo período que requieren para los tratamientos y su recuperación; sin embargo, en su consulta, siempre atestada, se escuchan gratas opiniones de su profesionalidad y carácter. Oí a más de una persona comentar que ya no esperaban restablecerse, y gracias a su atención, volvieron a caminar.
Mantener su cuidado y cariño invariable, con todos y cada uno de sus diversos enfermos, recibirlos siempre con un beso, su mano tendida, con delicadeza, respeto y atención desmedida, eso es un valor agregado que aumenta su función y sus atributos.
Aunque muy joven, seguramente tiene acumulada una gran experiencia en su carrera, obtenida de sus enfermos y sus distintas patologías, y así lo demuestra en su responsable quehacer diario.
Muchas veces escuchamos de la preferencia y el valor que les dan a los galenos de más edad, por su práctica, su título, prestigio o su renombre. Es cierto que es importante tener un reconocimiento en lo que se hace, pero no siempre es suficiente.
El apoyo humano, la distinción, la compasión, la buena relación médico-paciente, no se sustituye con nada. No existe renombre, súper títulos, maestrías, que reemplacen el encanto y la seguridad cuando en su estatus como Ser Humano, toma conciencia de su condición, y le ofrece a su paciente, mucho más que su sabiduría, le entrega, bienestar emocional. Eso, es ser un buen doctor.

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