martes, 20 de agosto de 2019

Rita de Cuba, Rita la Única



De Cuba,  porque su arte expresa hasta el hondón humano lo verdaderamente nuestro; La Única, pues solo ella y nadie más, ha hecho del solar habanero, de la calle cubana, una categoría universal.”
- Nicolás Guillén

Rita Montaner, graduada de piano, canto y armonía, una de las artistas cubanas más universales. Incursionó en el teatro, la radio, el cine y la televisión alcanzando notable éxito nacional e internacional
Su nombre Rita Aurelia Fulceda Montaner y Facenda nació en Guanabacoa el 20 de agosto de 1900 y falleció en La Habana el 17 de abril de 1958. Conocida como La Única.
Compartió escenario con prestigiosas figuras cubanas e internacionales. Se hizo acompañar en las orquestas por destacados compositores de la época quienes también escribieron partituras especialmente para ella como Gonzalo Roig con Cecilia Valdés, Moisés Simons con El manisero, Eliseo Grenet con Ay Mamá Inés, Ernesto Lecuona con El cafetal, Gilberto S. Valdés con Ogguere. Su mayor desarrollo fue como cantante de arte lírico con grandes habilidades y versatilidad interpretativa. También incursionó en numerosas películas mexicanas, particularmente las del llamado Cine de Rumberas.
Desde 1910 realizó estudios de música, teoría de la música, armonía, piano, y canto en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peurellade; en Nueva York fue discípula de canto del profesor italiano Alberto Bimboni.
Hizo dúo con la reconocida cantante Lola de la Torre en la ópera La Gioconda, de Amilcare Ponchielli y sobre su interpretación en esta obra dijo Alejo Carpentier: “...La señora Montaner nos llamó la atención por su timbre de voz exquisito, que acaricia el oído, así como por su mucha seguridad al atacar las notas altas y su escuela inmejorable.”

Tuvo el privilegio de ser acompañada al piano por el maestro y compositor Ernesto Lecuona en el Festival de Música Cubana. Cantó a dúo con Alejandro García Caturla y acompañada por la Orquesta Sinfónica de La Habana bajo la dirección de Gonzalo Roig.
En 1926, interpretó el aria de «Un bel di vedremo» de la ópera Madame Butterfly y el aria «Mi chiamano Mimi», de la ópera La Bohème, del compositor italiano Giacomo Puccini. Trabajó en Nueva York con la compañía Follies Schubert en el cuadro español, Una noche en España, y en el Teatro Apolo, con el violinista Xavier Cugat.
Estrena en 1927 en el Teatro Regina (Cine Jigüe), el sainete Niña Rita o La Habana en 1830, de Lecuona y Eliseo Grenet, después interpretó el famoso, tango congo ¡Ay!, Mamá Inés y Siboney.
Viaja a París en 1929 en compañía de Sindo y Guarionex Garay, el pianista Rafael Betancourt y los bailarines Carmita Ortiz y Julio Richard.
 Sobre sus actuaciones en París, dijo Alejo Carpentier: «No puede negarse la influencia que tuvo, el año pasado, la actuación de Rita Montaner, en esta invasión de aires tropicales. Rita Montaner, en el dominio de lo afrocubano, resulta insuperable. Es, en su género, intérprete tan fuerte como pudo serlo, en el suyo, una Florence Mills. Con ella nos situamos lejos de la lánguida dilettante vocal, que canta criollas melosas entornando los ojos y crispando los dedos sobre un abanico ochocentista.Rita Montaner se ha creado un estilo: nos grita, a voz abierta, con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Simons o un Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chinos, fiesta ñáñiga y pirulí premiado [...]. Rita Montaner tiene el gran mérito de haberse especializado en la interpretación de ese folklore, calificado por algunos de bárbaro y poco elegante. Gracias a ella, sus compositores favoritos, Simons, Grenet, y otros, pueden ver sus canciones puestas en valor de modo admirable [...].»
Y en otra crónica apunta Carpentier: «En pocos años, Rita Montaner alcanzó una popularidad extraordinaria. Creó un estilo, imitado hasta la saciedad.En épocas de tensión política, todo el público de la isla estaba atento a las coplas que cantaba La Chismosa, personaje de su creación. Y, a medida que pasaban los años, su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión, lo que el tiempo le restaba de frescor... Es probable que la máquina trituradora de talentos que es la radio, la haya llevado a prodigarse demasiado, poniendo su personalidad al servicio de emisiones más o menos mediocres. Pero Rita era Rita, y la Rita de Ogguere, de Negro bembón, de Chivo que rompe tambó, se resolvió, no hace mucho tiempo, a asombrar a quiénes tal vez la creyeran próxima al ocaso.Volviendo a la partitura seria, se dio a interpretar una ópera de Gian Carlo Menotti con tal dominio de sus medios, con tanta autoridad y fuerza dramática, que el acontecimiento tuvo, para muchos, el valor de una revelación tardía. Rita Montaner desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad.»
Fue contratada en 1929 por la compañía de Velasco  para actuar en Valencia. Vuelve a Nueva York en 1931 cantando en varias radioemisoras y en el show musical contratada por Al Jolson. El crítico Juan Paraíso escribe: «la artista cubana se destaca por el ritmo peculiar que imprime a sus canciones. Hay en la voz de Rita Montaner inflexiones cálidas, sabrosas, genuinas de su trópico maravilloso, que la personalizan y elevan sobre todas las figuras de la Compañía [...]».  
Rita con Bola de Nieve
Rita viaja a México en 1933, con Bola de Nieve, como pianista acompañante. Regresa a Cuba, vuelve a Estados Unidos y hace una gira por Argentina.
De regreso trabajó en el teatro Principal de la Comedia. Integra el elenco de la Compañía de Zarzuelas Cubanas que se presentaba en el Teatro Martí, y más adelante pasó a trabajar con Lecuona. Establece relaciones de trabajo con el compositor Gilberto Valdés, y desde entonces se convirtió en una de las más importantes intérpretes de su obra.
En 1940 interpretó el sainete lírico de Rodrigo Prats, Amalia Batista. En 1941 interpretó por la CMQ, la novela Cecilia Valdés, del escritor cubano Cirilo Villaverde. Se presentó en el teatro Nacional con el cantante argentino Hugo del Carril, y realizó una actuación especial en el filme Romance musical.
En Argentina coincide con Mecha Ortiz y su Compañía, Hugo del Carril, Libertad Lamarque y Nini Marshall. A su regreso actuó en La viuda alegre, de Franz Lehar, junto a Maruja González y Jorge Negrete.
El 24 de febrero de 1945 fue coronada Reina Nacional de la Radio. Desde 1946, actúa en el Cabaret Tropicana, acompañada al piano unas veces por Ignacio Villa (Bola de Nieve) y otras por Felo Bergaza.
En 1947 viajó a México para actuar en el filme María la O, basada en la zarzuela de igual título de Lecuona. En 1948 viajó a Estados Unidos con Carlos Pous y Felo Bergaza para actuar en el Teatro Hispano. Hizo el personaje de la negra Mercé en el filme mexicano Angelitos negros, junto a Pedro Infante.
Rita formó parte en 1951 del elenco artístico del Canal 6 (CMQ Televisión). Fue la figura principal del espectáculo musical celebrado en 1952 en el Teatro Blanquita (hoy Karl Marx). Después actuó en 1953 en Radio Continente, de Caracas, Venezuela. Fue contratada por el Cabaret Montmartre para las producciones Son y Danzón, dirigidas musicalmente por el compositor Félix Guerrero, con coreografía de Alberto Alonso. En otra producción del mismo cabaret, actuó en la revista La calle, junto a Benny Moré y el Trío Matamoros.
Rita actuó en la ópera del compositor italo-norteamericano Gian Carlo Menotti, La medium, presentada en la sala-teatro Hubert de Blanck, bajo la dirección musical de Paul Csonka. La última función en la que actuó la gran Rita fue en la comedia británica Fiebre de primavera, de Noel Coward, bajo la dirección de Rubén Vigón, puesta en julio de 1957 en la sala Arlequín.
Murió de cáncer en La Habana el 17 de abril de 1958, dejando un legado musical. Rita Montaner sigue viva en la música cubana.
Rita, La única, como escribiera Nicolás Guillén en 1942: “Rita de Cuba, Rita la Única…No hay adecuado modo de llamarla, si ello se quiere hacer con justicia… De Cuba, porque su arte expresa hasta el hondón humano lo verdaderamente nuestro; La Única, pues solo ella y nadie más, ha hecho del solar habanero, de la calle cubana, una categoría universal.”

viernes, 14 de junio de 2019

Maceo y Che: dos ejemplos de la historia



   Cada año recordamos el nacimiento del general Antonio Maceo y el comandante Ernesto “Che” Guevara, y por repetitivo que parezca, nunca dejamos de aprender de sus estaturas.
   Estos dos hombres nacieron un 14 de junio. Antonio Maceo y Grajales en 1845, cubano, santiaguero. Ernesto (Che) Guevara de la Serna en 1928, argentino, de Rosario. Los dos de nuestra América Latina.
   Maceo, el Lugarteniente General mambí libró enormes batallas en la manigua para librar a Cuba del yugo español. Che, el Comandante Ernesto Guevara desde su Argentina natal vino a suelo cubano también a combatir, esta vez  junto a los jóvenes rebeldes de la Sierra  Maestra.
   El mismo ideal por combatir las injusticias, la misma solidaridad y amor con los pueblos de América. La misma trayectoria combativa. Dos grandes figuras militares.
   Maceo, El Titán de Bronce de ideales revolucionarios e independentistas, de una gran estirpe y nobleza. Che, el Guerrillero Heroico, modelo de rebeldía, internacionalismo y justicia social. Los dos unidos en una misma fecha y en un mismo ideal.
   Fidel dijo de Maceo y Che: “ambos fueron invasores de Oriente a Occidente; ambos murieron en combate; ambos son hoy símbolos insuperables de valor e intransigencia revolucionaria; ambos están ahora junto a nosotros, y nosotros junto a ellos; ambos hicieron lo que todo un pueblo ha jurado estar dispuesto a hacer; ambos nacieron el mismo día: 14 de junio. El azar no habría podido idear algo mejor".
   El pensamiento de estos dos grandes hombres perdurará íntimamente ligado a la historia de Cuba, a la historia de América, a la historia del mundo. Su presencia histórica ocupará siempre un lugar de lucha por un mundo mejor.

lunes, 20 de mayo de 2019

Capitolio Nacional, joven en sus 90



“El Capitolio es de innegable belleza, serena y majestuosa, de líneas pura y severamente clásicas, de proporciones admirables donde contrasta la horizontalidad de las fachadas con la elegante esbeltez de la cúpula”
-       Emilio Roig de Leuchsering

  Es prácticamente imposible en tan corto espacio y con tan breve tiempo contar la formidable historia del Capitolio Nacional de Cuba, situado en el Paseo del Prado, entre el Parque de la Fraternidad y el Gran Teatro de La Habana, e inaugurado el 20 de mayo de 1929 bajo el gobierno de Gerardo Machado, y que hoy, está cumpliendo 90 años.

En el lugar donde hoy está el Capitolio fue, anteriormente, una extensa ciénaga, después un Jardín Botánico y luego la Estación Ferroviaria de Villanueva.
Estación de Villanueva
Después de adquirir los terrenos de la Estación, el congreso decidió, en 1910, construir lo que sería la sede del palacio presidencial. Se creó por Decreto una Comisión que presentaría las bases del concurso internacional para la selección  del diseño de lo que sería la casa de gobierno.
El 7 de agosto de 1911 el primer proyecto y ganador se presentó con el nombre de La República y tendría 100 metros de frente por 70 de fondo y 1 200 000 pesos de presupuesto. Marchó la obra hasta el gobierno de Mario García Menocal, quien aprobó una ley el 2 de julio de 1914, derogando las disposiciones anteriores y orientando la construcción del Palacio de los Congresos concediendo un crédito de 1 00 000 de pesos a razón de 200 000 anuales y una indemnización de 70 000 a los contratistas. Se modificaron los planos y lo ya construido y se encargó para la nueva obra a los arquitectos cubanos Félix Cabarrocas y Mario Romañach.
En un segundo proyecto Cabarrocas transformó completamente el original tomando como modelo un edificio de renacimiento francés y cambió el estilo de la cúpula por uno de sección cuadrada. Mientras él se encargó de las fachadas y las plantas, Romañach se dedicó a las elevaciones interiores.
El 4 de noviembre de 1914 la continuación de las obras se le confió a la sociedad constructora La Nacional, con un presupuesto que ascendía a 2 008 390 pesos. En 1919 se paralizaron los trabajos por Mario García Menocal como consecuencia del aumento de su costo por parte de los contratistas. El 21 de octubre de 1921, a pesar de estar adelantadas las labores, el presidente Alfredo Zayas decretó paralizarlas, pues la crisis económica del país impedía continuar. El terreno fue arrendado a una compañía particular para que instalara allí el Havana Park, un parque de diversiones que tenía hasta una montaña rusa. Con el tiempo desaparecieron todos los instrumentos de los contratistas y lo edificado se fue deteriorando.
El secretario de Obras Públicas, doctor Carlos Miguel de Céspedes, encomendó un nuevo proyecto, a los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas. Esta vez se dispuso subastar la construcción del Capitolio por decreto presidencial, y fue ganada por la Compañía de gran prestigio y solvencia, Purdy and Henderson. Introdujo al proyecto algunos cambios, siendo el más revelador el de la cúpula que la concibió más apuesta y enorme.
En este tercer proyecto la obra fue reiniciada en 1926. Participaron ocho mil hombres, españoles en su gran mayoría, cubanos y de otras nacionalidades, pues en el país no existía fuerza de trabajo para acometer una obra de tal magnitud y especialidad. Tampoco las herramientas ni máquinas idóneas capaces de dar molde a las piedras semejantes al mármol. Fueron instaladas nueve sierras con hojas de dientes desmontables y sembrados de diamantes que los canteros usaban para rebajar y ejecutar los acabados a las piedras de capellanía. Una grúa potente con capacidad para 15 toneladas era la encargada de descargar y alinear las piedras en caso de que no fueran a utilizarse inmediatamente. Luego el toque humano le daba el acabado necesario.
Las lámparas de bronce, los capiteles y las columnas del Salón de los Pasos Perdidos fueron encargados a Sunnier Duval Frisquet, de Londres. Las lámparas del salón de la presidencia del Senado y las de cuarenta bombillas de la Cámara de Representantes, todas de bronce laminado con oro viejo y cristales dorados con oro al mercurio, se hicieron en la Societé Anonime Bague, de París. Los mármoles que adornan el Salón de los Pasos Perdidos, el Senado y las escaleras de honor son de sesenta calidades diferentes. Todos los mármoles fueron traídos de Italia, incluido en antico verde.
La base de la estatua que simboliza la República está hecha de ónix egipcio antiguo. El bloque macizo, de formación estalactítica muy rara, pesa 300 quintales.
En el salón de conferencias del Senado hay un zócalo de mármol verde de los Alpes, con comisa de ónix dorado de Marruecos. Las pilastras son de mármol cipollino dorado oxidado. Los herrajes fueron encargados a la Yale de Standford, en Connecticut, Estados Unidos, que también confeccionó las cerraduras de estilo renacimiento italiano de la planta principal. Las oficinas de los secretarios de la Cámara de Representantes y el Senado las tienen estilo Jorge V, en tanto las de la Cámara son estilo imperio. Todas de bronce fundido con acabado de bronce antiguo.
De Cuba se utilizaron cinco millones de ladrillos, 150 mil bolsas de cemento, 3 500 000 pies de madera, 38 000 metros cúbicos de arena, 3 500 toneladas de acero natural, 2 000 toneladas de cabillas y 40 000 m3 de piedra picada. 
Conduce a la entrada principal del edificio una ancha escalinata de granito, con 55 escalones, 36 metros de ancho y 16 de alto.  A ambos lados del fin de la escalera aparecen dos impresionantes grupos escultóricos de bronce con pedestal de granito y una altura de 6,70 metros, del italiano Angelo Zanelli, una masculina que representa el progreso de la actividad humana, y la otra femenina que encarna la virtud tutelar del pueblo. Dos macizos en los extremos y doce columnas de orden jónico, seis en primera línea y las otras en la segunda línea de muros. Los pilares y los apiteles jónicos y romanos de dos caras destacan por sus enormes dimensiones. En el recibidor, en todas las puertas y los paneux laterales, hermosos recuadros de mármol Boticcino esculpidos por Angelo Zanelli.
Las logias, compuestas por columnas con sus bases y capiteles decorados y que forman entre ellas nueve intercolumnios en cuyos ejes están las amplias ventanas que dan al Salón de los Pasos Perdidos, y sobre ellas, recuadros esculpidos o metopas labradas en piedra en bajorrelieve, inspirados en temas simbólicos de la vida cubana.
Los decorados del lado derecho del pórtico capitolino significan el comercio terrestre, la molienda, el trabajo, la minería, la instrucción, la cerámica, la justicia, la mecánica, la familia, la industria ligera y el comercio marítimo. Los del ala izquierda a los descubridores, la siembra, los leñadores, la carpintería, el tabaco, la metalurgia, la agricultura, la caña, la forja de metales, la destilería y las hilanderas. Otras cuatro piezas en cada uno de los pabellones extremos, tres se hallan en sus frentes correspondiendo a sus tres intercolumnios. En el pabellón de la derecha están representadas la danza, la música, la poesía y la arquitectura. En el de la izquierda: las matemáticas, la química, la astronomía, y la física.
Foto Juvenal Balán
Por su elegante y monumental cuerpo, la cúpula deja ubicar al edificio desde diversos sitios de La Habana. Su altura alcanza los 91,73 metros. Atravesando el pórtico central  llegará a la rotonda bajo la cúpula. En su centro, y bajo la aguja central de la cúpula se halla el brillante de 25 quilates, que ubica el kilómetro cero de la Carretera Central. Se destacan en la cúpula los escudos de las antiguas seis provincias cubanas, y al final de cada una de las salas están las puertas de acceso a los salones y galerías, coronadas con el escudo nacional en bronce.
Foto: Juvenal Balán
En su nicho se aprecia la Estatua de la República, con un peso de 30 toneladas y una altura total de 14,60 metros, descansa sobre un pedestal de mármol de 2,50 metros. Es la figura de una mujer joven de pie, vestida con una túnica, con casco, escudo y lanza. Fue esculpida por Angelo Zanelli y para su modelaje se escogió a la cubana Lily Lalty. Por su tamaño es la tercera estatua bajo techo en el mundo.
Hermosa decoración y estilos arquitectónicos, mobiliario original, escaleras y puertas con mármoles y bronce respectivamente, destacan los salones. El Salón Baire, Salón Bolívar, Salón Baraguá, Salón Martí, que sirvió de antesala a la biblioteca. En todos ellos se reiteran rosetones con las iniciales, entrelazadas, de la República de Cuba. Creadas por artistas cubanos, y fundidas en Francia. Se aprecia el trabajo de los techos y puertas de los salones Yara y Jimaguayú, destinados a las reuniones de los comités de la Minoría y de la Mayoría parlamentarias.
En la parte posterior del edificio se encuentra el vestíbulo que conduce a las Escaleras de Honor, la cual debe su nombre a que sólo podía ser utilizada por los parlamentarios.
Los nombres de cinco obreros que perdieron la vida durante la construcción se encuentran grabados en una lápida que dice: " Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia y espíritu.”
Después del triunfo de la Revolución,  se convirtió en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Academia de Ciencias y se abrió a la población.
Por el grado de deterioro que presentaba se decidió cerrarlo para su estudio y posterior labores de restauración que comenzaron en el 2012. Esta tarea estuvo a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que dirigida por Eusebio Leal Spengler, logró rescatar los valores históricos y arquitectónicos de la emblemática institución.
Ha sido escenario de acontecimientos históricos y políticos, el 5 de julio de 1940 se promulgó en su escalinata la Constitución de 1940. En el año 2010 fue declarado Monumento Nacional y actualmente radica allí la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Después de su restauración abrió las puertas al público, y sus visitas son siempre guiadas y organizadas en grupos de 15 personas, las que podrán acceder a la instalación en horarios diferentes de martes a domingos.
Se ha convertido en tradición en Cuba que los visitantes de otras provincias del país y los turistas extranjeros se tomen fotos frente al distintivo y majestuoso edificio.
El Capitolio Nacional es el más grande símbolo de La Habana, la edificación más conocida y popular de los cubanos y en especial de los que nos visitan. Es considerada una joya arquitectónica del hemisferio occidental. 

lunes, 15 de abril de 2019

Historias de un Gran Teatro


Teatro Tacón


“Tres cosas tiene la Habana
que causan admiración:
son El Morro, La Cabaña,
y la araña del Tacón”.





En 1834 el Teatro Principal, único de La Habana, contaba con muy poca capacidad y por esa razón el gobernador español Capitán General Miguel Tacón le encargó la construcción de otro teatro a Francisco Marty, un amigo de origen catalán, empresario negrero casi analfabeto que se hizo millonario con la trata de negros en Cuba.
El edificio, obra del arquitecto Antonio Mayo fue construido frente a la Puerta de Monserrate en el Paseo de Isabel II, hoy Paseo del Prado y San Rafael con el nombre de Tacón, inaugurándose formalmente el 15 de abril de 1838, con la puesta en escena de la obra "Don Juan de Austria”, actuada por el gran actor cubano Francisco Covarrubias, aunque el 28 de febrero se había dado un baile de carnaval.

Teatro Tacón
Tenía tres órdenes de palcos, noventa en total, y dos graderías: tertulia y cazuela, que no eran más que un corredor en lo alto y un conjunto de asientos del piso más alto, respectivamente. La capacidad era de más de 2 000 espectadores sentados y admitía unos 500 más. Su estructura a la italiana, la típica herradura, lo convertía en la Catedral de la ópera y el drama. Contaba con dos espaciosos y elegantes palcos para el Capitán General y para la Presidencia.  El techo era a cuatro aguas y frente a la Alameda tenía un pórtico dórico de tres arcos sobre pilares con columnas adosadas, sencillas en el centro y dobles en los extremos. La sala era famosa por su acústica, por su monumental araña y por su amplio escenario. Al construirse en 1910 el Centro Gallego de La Habana adquirió el edificio con el compromiso de respetar la configuración interna, pero las modificaciones que realizaron en su estructura y en otros aspectos malograron su magnífica acústica.
El Tacón reflejaba la división clasista de la época a través de los precios de las localidades, la prohibición a los negros libres de sentarse en butacas y la disposición aristocrática de los palcos, y que los artistas cubanos tuvieron que refugiarse en los teatros modestos y populares ya que su escenario fue invadido por la ópera italiana y la zarzuela, y el teatro dramático fue entregado a las grandes compañías españolas. Su lujo y esplendor sólo fue el orgullo de los ricos que ven al teatro como un salón social y no como experiencia artística. 

Banquete ofrecido en el Teatro Tacón
Su majestuosidad era tal que salió a la luz la copla que decía "tres cosas tiene La Habana que causan admiración: El Morro, La Cabaña y la araña del Tacón", refiriéndose a la enorme y llamativa lámpara de fino vidrio que colgaba sobre la platea. Fue considerado en su época como el teatro más grande y lujoso del continente americano.

…es rico y elegante a la vez […] el telón y las decoraciones ofrecen un brillante punto de vista […] El patio está poblado de magníficos sillones, lo mismo que los palcos, en cuya delantera hay una ligera reja dorada que deja penetrar la vista de los curiosos […] Solo los primeros teatros de las grandes capitales de Europa pueden igualar al de La Habana en la belleza de las decoraciones, en el lujo del alumbrado, y en la elegancia de los espectadores…así lo describió la Condesa de Merlin, una de las primeras escritoras de Cuba, en su libro “Viaje a La Habana”.
A lo largo del siglo XIX, lo prestigian personalidades de la cultura universal del drama, la ópera, el ballet, la música. En 1841 debuta la bailarina Fanny Elssler; en 1851 la soprano sueca Jenny Lind; en 1854, otra soprano, Adelina Patti y el pianista y compositor Luis Moreau Gottschalk; en 1863, la pianista Teresa Carreño, y en 1887, La divina Sarah Bernhardt. Nombres de grandes familias de los anales de la escena cubana como los Robreño y los Martínez Casado, en la música los pianistas y compositores José White, Nicolás Ruiz Espadero, Manuel Saumell, e Ignacio Cervantes, y el violinista Claudio Brindis de Salas. En 1917, el pianista Ignacio Paderweski, Antonia Mercé, y la gran ballerina Anna Pavlova; 1918, regresa La divina Bernhardt; 1919, Arthur Rubinstein; 1920, el violinista Misha Elman, el tenor Enrico Caruso; 1922, Esperanza Iris y la Compañía de Lola Membrives; 1923, el pianista y compositor Serguei Rachmaninov, los violinistas Jascha Heifetz, el guitarrista Andrés Segovia y el cellista Pau Casals; en 1924, dos grandes actrices, Eleonora Duse y Margarita Xirgu; en 1944 Erich Kleiber dirige la Filarmónica, y en la zarzuela Luisa Fernanda, triunfan Pepita Embil y Plácido Domingo, padres del gran tenor español.
Fueron años prominentes para la cultura cubana el estreno de las óperas La esclava, de José Mauri y El caminante, de Eduardo Sánchez de Fuentes; concierto de Ernesto Lecuona; debut de la soprano Zoila Gálvez, concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica de La Habana fundada por Gonzalo Roig y Lecuona, conciertos del pianista Jorge Bollet; se estrenan obras de Lecuona, Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla y actúan Esther Borja, Rita Montaner, Ignacio Villa «Bola de Nieve», Rosita Fornés, Alicia Rico, Candita Quintana y Blanca Becerra.
En 1950 es la primera presentación en el Gran Teatro del Ballet Alicia Alonso y la prima ballerina assoluta protagoniza La muerte del cisne y Las bodas de Aurora. Desde 1960 El Gran Teatro ha recibido a figuras y compañías como Ballet del Siglo XX, que dirigió Maurice Bejart, de la danza española con la presencia de Antonio Gades, Cristina Hoyos, de estrellas del ballet como Maya Plisetskaya, Carla Fracci, Vladimir Vasiliev, Julio Bocca, y de compañías internacionales como el Ballet Bolshoi, del Marinski, el Royal de Londres, la Scala de Milán, el New York City Ballet, el American Ballet Theatre, del Teatro Colón, de Buenos Aires.
Fue restaurado y reformado varias veces, hasta que en 1961 al ser nacionalizado recibe el nombre de García Lorca, y luego, Gran Teatro de la Habana.
Gran Teatro de La Habana "Alicia Alonso"
      Foto: Jorge Luis González
El Gran Teatro de La Habana "Alicia Alonso" es un complejo cultural con varias salas de teatro. Es sede del Ballet Nacional de Cuba desde 1965, del Teatro Lírico Nacional y del Ballet Español de Cuba. Se presentan compañías danzarias como Danza Contemporánea de Cuba, Lizt Alfonso Dance Cuba, Acosta Danza y la Compañía Irene Rodríguez, entre otras.
El edificio actual, donde fue reconstruido el teatro, fue inaugurado en 1914 y es obra del arquitecto belga Paul Beleu. 

Su fachada es neobarroco, tomando de modelo el estilo barroco europeo, por lo que abundan las tallas y esculturas en piedra. En su fachada principal tiene cuatro grupos escultóricos en mármol blanco que representan la Beneficencia, la Educación, la Música y el Teatro, obras de Giuseppe Moretti.
En 1985, a iniciativa de Alicia Alonso, la edificación pasó a llamarse Gran Teatro de La Habana, y “García Lorca” su sala principal. En sus salas los espectadores pueden disfrutar de las conocidas y célebres funciones del Ballet Nacional de Cuba, bajo la dirección de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso y deleitarse con las temporadas del Centro Pro-Arte Lírico con sus programas de óperas, zarzuelas, operetas y conciertos; así como con las presentaciones del Ballet Español de Cuba y del Centro de Promoción de la Danza (PRODANZA). También Desde 1960 ha sido el escenario principal del Festival Internacional de Ballet de La Habana, célebre evento de danza en el que hemos sido enaltecidos con la participación de célebres bailarines y compañías del mundo.

En septiembre de 2015, el Consejo de Estado de la República de Cuba acordó, con carácter excepcional y en reconocimiento a los aportes de Alicia Alonso a la cultura cubana y universal, su amor a la Patria y fidelidad a la Revolución cubana, denominar el actual Gran Teatro de La Habana como Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”. 


Foto: Ismael Francisco
Fue sometido a una reparación capital entre 2013 y 2015 y reabrió sus puertas el 1ro de enero del 2016. La reconstrucción abarcó todo el inmueble, las fachadas, vestíbulos, palcos, cubierta y tabloncillo. Asimismo se dotó al teatro con nuevo mobiliario, telones, sistema de climatización, acústica, mecánica escénica, salones de ensayos para los bailarines y la orquesta, un estudio de grabación y más de 20 camerinos y baños. Se respetó la idea original, y los recursos tecnológicos empleados se han conjugado con el criterio de patrimonio que lo identifica.



Escultura de la Prima Ballerina Assoluta
El 2 de enero de 2018, fue develada una escultura de la Prima Ballerina Assoluta. Dicha escultura realizada por el artista de la plástica José Villa Soberón inmortaliza a la nonagenaria bailarina cubana. La obra, una bailarina en plena función, esculpida en bronce, que refleja la viveza y majestuosidad de los giros y el espíritu en la escena de Alicia Alonso, fue descubierta por la propia Alicia y cuatro niñas de la Escuela de Ballet. 


El Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”, es una de las principales instituciones culturales, y junto a su imponente arquitectura y belleza, un ícono de nuestra ciudad.