sábado, 24 de agosto de 2019

El Bárbaro del Ritmo. Una leyenda, un ídolo



“Los dioses mueren jóvenes… Ninguno se va, porque su arte les comunica la misma permanencia de la fuente en que bebieron. Así es como nace ahora de su muerte para no morir más el hombre a quien toda Cuba ha llorado, con lágrimas que mojan, pero cuya voz suena como nunca, sin apagarse en el aire nuestro de cada día”- Nicolás Guillén


No tuve la dicha de conocerlo porque cuando murió era apenas una niña de 7 años, pero siempre supe de su existencia, de su talento, de su popularidad y del cariño y el respeto que siempre tuvieron por él sus compatriotas. Fue querido por todos, convirtiéndose en un mito del pueblo cubano. Hoy quiero recordarlo en el centenario de su natalicio. 
Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, Benny Moré, conocido por “El Bárbaro del Ritmo” o “El Sonero Mayor”. Nació el 24 de agosto de 1919 en el barrio Pueblo Nuevo de Santa Isabel de las Lajas en la provincia de Cienfuegos y murió en La Habana el 19 de febrero de 1963 a la edad de cuarenta y tres años.
Desde muy niño se inclinó por las manifestaciones musicales y vocales. Su familia estuvo muy ligada al Casino de los Congos, cofradía fundada en el siglo XIX por un grupo de negros Congos libertos, influencia que desde muy temprana edad le ayudó a desarrollar capacidades rítmicas de origen africanas y que le sirvió para su futura carrera artística. Allí aprendió a cantar y a bailar, y también dominó el toque de diferentes tambores.
Abandonó los estudios en cuarto grado y se puso a trabajar en labores agrícolas para ayudar económicamente a su familia. Con su simpatía, su poderosa voz y la facilidad para el repentismo amenizaba las labores de todos en su barrio de La Guinea, donde era reconocido y admirado. A los once años fue a Camagüey a ayudar a su madre como lavandera de varias familias ricas.
Desde los siete años animaba y organizaba guateques y fiesta y aprendió también a tocar el tres y la guitarra. En Vertientes se enroló con otros jóvenes en la creación del Conjunto Avance y más adelante un trío donde fue la voz segunda y las maracas, tenía 16 años y por primera vez era escuchada su voz. Aunque no estudió música poseía un don especial para la interpretación, con casi 20 años llega a La Habana a intentar abrirse camino cantando con su guitarra por los bares y centros nocturnos de la ciudad.
Fue escuchado en sus presentaciones por muchos músicos, lo que le sirvió para que unos años más tarde fuera llamado a integrar, como cantante, el Trío Matamoros. Con la entrada al Trío Matamoros comenzó su  vida profesional y el camino al éxito. Se enriquece con la tradición trovadoresca del Trío y llega a dominar la guaracha y el bolero. Hizo varias grabaciones y viajó a México presentándose en salones de baile, teatro, cabarets, programas de televisión y en centros nocturnos alternando con el famoso Conjunto Son de Veracruz.
Al concluir el contrato en México el Trío Matamoros regresa a La Habana pero él decide quedarse y probar su carrera en solitario. Al comunicarle su decisión a Miguel Matamoros, éste le sugiere que se cambie el nombre de Bartolo por ser un nombre “muy feo” y es cuando asume el nombre de Benny.
En 1946 se casa con la enfermera mexicana Juana Bocanegra y su padrino de boda fue el afamado cantante mexicano Miguel Aceves Mejía. Desde 1945 y hasta 1950 acompaña a orquestas reconocidas logrando reconocimientos y éxito en sus presentaciones. En 1948 entra como cantante en la afamada Orquesta de Dámaso Pérez Prado con la que graba más de 60 discos y su carrera escala vertiginosamente. Su don natural, su talento, su genialidad, el dominio de la actuación, junto a la técnica y la habilidad para componer y hacer música de Pérez Prado fue una explosión perfecta. En giras por distintos estados y el reconocimiento del pueblo que los escuchó y ovacionó los hicieron acreedores, al Benny, del título de "Príncipe del mambo" y a Pérez Prado el de "Rey del mambo". La voz del Benny ya era conocida en Cuba y en varios países de América Latina. Actuó en varios lugares nocturnos y en famosos teatros mexicanos y acompañó a grandes artistas y vedettes.
Aunque disfrutó de una gran fama nunca olvidó a Santa Isabel de las Lajas, su pueblo natal y así lo demostró en su composición musical que le dedicara.
 
Regresa a Cuba en 1951. Se presentó en televisión y en varios centros nocturnos. En el Ali Bar se presentaba irrepetible cada vez, con una creatividad impresionante, llegando a cantar sobre sus propios discos haciendo voces de segundo. Así dejó leyendas, emociones, compartió escena con muchos artistas reconocidos. Fue su rincón, lo sigue siendo, allí siempre volvía a pesar de sus incontables compromisos.
 Admirado y querido por su perfección en la actuación y el dominio de los diferentes géneros musicales y de la escena.

En 1953 forma su gran Banda Gigante, su querida tribu, como le llamaba. Sus músicos lo querían y respetaban por su gran humildad. Con su capacidad para cantar, bailar y dirigir la orquesta como ninguno, demostró una singular personalidad escénica que lo identificó para siempre.
Entre 1958 y 1962 su salud se deteriora. Su médico y amigo, el doctor Luis Ruiz Fernández, le diagnostica una grave cirrosis hepática. Dejó de ingerir bebidas alcohólicas, pero no hizo el reposo que debía, sino todo lo contrario: incrementó su actividad musical. Era constante su presencia en bailes, cabarets, radio y televisión, y a pesar de su fortaleza física, su organismo se deterioraba. 
Realizó giras con su orquesta por varios países de América Latina y mostró que era capaz de interpretar también otros ritmos latinoamericanos. Muy pronto graba sus discos con éxitos de venta en Cuba y América marcando una gran popularidad junto a su orquesta.
En 1958 viaja con su Banda Gigante a Los Ángeles y Nueva York. Participó en la entrega de los Premios cinematográficos Oscar, en Hollywood. En 1962 lo invitaron a una amplia gira por Europa que rechazó porque ya se encontraba mal de salud. El 16 de febrero de 1963, en el pueblo de Palmira de Las Villas, fue su última actuación.
Ingresó el día 18 en Hospital de Emergencias en La Habana, muchas personas acudían de día y de noche para saber sobre su salud mediante los partes médicos, incluso antes que se hiciera público por los medios de comunicación, hasta su deceso el día 19 de febrero. Su cortejo fúnebre fue acompañado por un mar de hombres y mujeres del pueblo hasta el local del Sindicato Nacional de Trabajadores de Arte y Espectáculos ubicado en la calle Prado y Ánimas. Los hermanos le entregaron al secretario del SINTAE el sombrero tejano y el bastón, que utilizaba el Benny como batuta, para que fueran entregadas al Museo del SINTAE.
Pidió ser sepultado en Santa Isabel de las Lajas, su querido pueblo natal, a donde fue trasladado en caravana por la Carretera Central.  Al paso de la multitud en su travesía por las distintas ciudades y poblados, todos corrían a darle el último adiós a su querido Bárbaro del Ritmo. Al llegar a Santa Isabel de las Lajas y en el barrio de La Guinea, la Sociedad de los Congos lo despidió con un solemne rito funeral mayombero de origen bantú, a base de banderas para abrir los caminos y espantar los malos espíritus. El día 20 a las 4.00 de la tarde fue sepultado en la necrópolis de este lugar. En el 2009 su tumba fue declarada Monumento Nacional. 

En el Paseo del Prado de la ciudad de Cienfuegos un Monumento lo inmortaliza.

Marcó pautas en la música de nuestro país y dejó un legado definitivo a todas las generaciones de músicos cubanos. Sin ninguna formación musical estaba dotado de una tremenda capacidad para realizar sus interpretaciones en diversos registros de voz. Símbolo del guateque campesino, la descarga, la bohemia, el café, el bar, el cabaret, el teatro, el espectáculo en general. 
Hay muchos motivos para recordar siempre al Benny. Su humildad y calidad humana que fueron grandiosas. Su genialidad musical, su gestualidad rumbera, sus pantalones bombaches o bataolas, zapatos de dos tonos, el bastón y el sombrero. Un verdadero suceso de cubanía y de identidad escénica imponente. Un músico de cuerpo entero. Un ídolo de la música cubana. Una leyenda.

martes, 20 de agosto de 2019

Rita de Cuba, Rita la Única



De Cuba,  porque su arte expresa hasta el hondón humano lo verdaderamente nuestro; La Única, pues solo ella y nadie más, ha hecho del solar habanero, de la calle cubana, una categoría universal.”
- Nicolás Guillén

Rita Montaner, graduada de piano, canto y armonía, una de las artistas cubanas más universales. Incursionó en el teatro, la radio, el cine y la televisión alcanzando notable éxito nacional e internacional
Su nombre Rita Aurelia Fulceda Montaner y Facenda nació en Guanabacoa el 20 de agosto de 1900 y falleció en La Habana el 17 de abril de 1958. Conocida como La Única.
Compartió escenario con prestigiosas figuras cubanas e internacionales. Se hizo acompañar en las orquestas por destacados compositores de la época quienes también escribieron partituras especialmente para ella como Gonzalo Roig con Cecilia Valdés, Moisés Simons con El manisero, Eliseo Grenet con Ay Mamá Inés, Ernesto Lecuona con El cafetal, Gilberto S. Valdés con Ogguere. Su mayor desarrollo fue como cantante de arte lírico con grandes habilidades y versatilidad interpretativa. También incursionó en numerosas películas mexicanas, particularmente las del llamado Cine de Rumberas.
Desde 1910 realizó estudios de música, teoría de la música, armonía, piano, y canto en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peurellade; en Nueva York fue discípula de canto del profesor italiano Alberto Bimboni.
Hizo dúo con la reconocida cantante Lola de la Torre en la ópera La Gioconda, de Amilcare Ponchielli y sobre su interpretación en esta obra dijo Alejo Carpentier: “...La señora Montaner nos llamó la atención por su timbre de voz exquisito, que acaricia el oído, así como por su mucha seguridad al atacar las notas altas y su escuela inmejorable.”

Tuvo el privilegio de ser acompañada al piano por el maestro y compositor Ernesto Lecuona en el Festival de Música Cubana. Cantó a dúo con Alejandro García Caturla y acompañada por la Orquesta Sinfónica de La Habana bajo la dirección de Gonzalo Roig.
En 1926, interpretó el aria de «Un bel di vedremo» de la ópera Madame Butterfly y el aria «Mi chiamano Mimi», de la ópera La Bohème, del compositor italiano Giacomo Puccini. Trabajó en Nueva York con la compañía Follies Schubert en el cuadro español, Una noche en España, y en el Teatro Apolo, con el violinista Xavier Cugat.
Estrena en 1927 en el Teatro Regina (Cine Jigüe), el sainete Niña Rita o La Habana en 1830, de Lecuona y Eliseo Grenet, después interpretó el famoso, tango congo ¡Ay!, Mamá Inés y Siboney.
Viaja a París en 1929 en compañía de Sindo y Guarionex Garay, el pianista Rafael Betancourt y los bailarines Carmita Ortiz y Julio Richard.
 Sobre sus actuaciones en París, dijo Alejo Carpentier: «No puede negarse la influencia que tuvo, el año pasado, la actuación de Rita Montaner, en esta invasión de aires tropicales. Rita Montaner, en el dominio de lo afrocubano, resulta insuperable. Es, en su género, intérprete tan fuerte como pudo serlo, en el suyo, una Florence Mills. Con ella nos situamos lejos de la lánguida dilettante vocal, que canta criollas melosas entornando los ojos y crispando los dedos sobre un abanico ochocentista.Rita Montaner se ha creado un estilo: nos grita, a voz abierta, con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Simons o un Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chinos, fiesta ñáñiga y pirulí premiado [...]. Rita Montaner tiene el gran mérito de haberse especializado en la interpretación de ese folklore, calificado por algunos de bárbaro y poco elegante. Gracias a ella, sus compositores favoritos, Simons, Grenet, y otros, pueden ver sus canciones puestas en valor de modo admirable [...].»
Y en otra crónica apunta Carpentier: «En pocos años, Rita Montaner alcanzó una popularidad extraordinaria. Creó un estilo, imitado hasta la saciedad.En épocas de tensión política, todo el público de la isla estaba atento a las coplas que cantaba La Chismosa, personaje de su creación. Y, a medida que pasaban los años, su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión, lo que el tiempo le restaba de frescor... Es probable que la máquina trituradora de talentos que es la radio, la haya llevado a prodigarse demasiado, poniendo su personalidad al servicio de emisiones más o menos mediocres. Pero Rita era Rita, y la Rita de Ogguere, de Negro bembón, de Chivo que rompe tambó, se resolvió, no hace mucho tiempo, a asombrar a quiénes tal vez la creyeran próxima al ocaso.Volviendo a la partitura seria, se dio a interpretar una ópera de Gian Carlo Menotti con tal dominio de sus medios, con tanta autoridad y fuerza dramática, que el acontecimiento tuvo, para muchos, el valor de una revelación tardía. Rita Montaner desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad.»
Fue contratada en 1929 por la compañía de Velasco  para actuar en Valencia. Vuelve a Nueva York en 1931 cantando en varias radioemisoras y en el show musical contratada por Al Jolson. El crítico Juan Paraíso escribe: «la artista cubana se destaca por el ritmo peculiar que imprime a sus canciones. Hay en la voz de Rita Montaner inflexiones cálidas, sabrosas, genuinas de su trópico maravilloso, que la personalizan y elevan sobre todas las figuras de la Compañía [...]».  
Rita con Bola de Nieve
Rita viaja a México en 1933, con Bola de Nieve, como pianista acompañante. Regresa a Cuba, vuelve a Estados Unidos y hace una gira por Argentina.
De regreso trabajó en el teatro Principal de la Comedia. Integra el elenco de la Compañía de Zarzuelas Cubanas que se presentaba en el Teatro Martí, y más adelante pasó a trabajar con Lecuona. Establece relaciones de trabajo con el compositor Gilberto Valdés, y desde entonces se convirtió en una de las más importantes intérpretes de su obra.
En 1940 interpretó el sainete lírico de Rodrigo Prats, Amalia Batista. En 1941 interpretó por la CMQ, la novela Cecilia Valdés, del escritor cubano Cirilo Villaverde. Se presentó en el teatro Nacional con el cantante argentino Hugo del Carril, y realizó una actuación especial en el filme Romance musical.
En Argentina coincide con Mecha Ortiz y su Compañía, Hugo del Carril, Libertad Lamarque y Nini Marshall. A su regreso actuó en La viuda alegre, de Franz Lehar, junto a Maruja González y Jorge Negrete.
El 24 de febrero de 1945 fue coronada Reina Nacional de la Radio. Desde 1946, actúa en el Cabaret Tropicana, acompañada al piano unas veces por Ignacio Villa (Bola de Nieve) y otras por Felo Bergaza.
En 1947 viajó a México para actuar en el filme María la O, basada en la zarzuela de igual título de Lecuona. En 1948 viajó a Estados Unidos con Carlos Pous y Felo Bergaza para actuar en el Teatro Hispano. Hizo el personaje de la negra Mercé en el filme mexicano Angelitos negros, junto a Pedro Infante.
Rita formó parte en 1951 del elenco artístico del Canal 6 (CMQ Televisión). Fue la figura principal del espectáculo musical celebrado en 1952 en el Teatro Blanquita (hoy Karl Marx). Después actuó en 1953 en Radio Continente, de Caracas, Venezuela. Fue contratada por el Cabaret Montmartre para las producciones Son y Danzón, dirigidas musicalmente por el compositor Félix Guerrero, con coreografía de Alberto Alonso. En otra producción del mismo cabaret, actuó en la revista La calle, junto a Benny Moré y el Trío Matamoros.
Rita actuó en la ópera del compositor italo-norteamericano Gian Carlo Menotti, La medium, presentada en la sala-teatro Hubert de Blanck, bajo la dirección musical de Paul Csonka. La última función en la que actuó la gran Rita fue en la comedia británica Fiebre de primavera, de Noel Coward, bajo la dirección de Rubén Vigón, puesta en julio de 1957 en la sala Arlequín.
Murió de cáncer en La Habana el 17 de abril de 1958, dejando un legado musical. Rita Montaner sigue viva en la música cubana.
Rita, La única, como escribiera Nicolás Guillén en 1942: “Rita de Cuba, Rita la Única…No hay adecuado modo de llamarla, si ello se quiere hacer con justicia… De Cuba, porque su arte expresa hasta el hondón humano lo verdaderamente nuestro; La Única, pues solo ella y nadie más, ha hecho del solar habanero, de la calle cubana, una categoría universal.”

viernes, 14 de junio de 2019

Maceo y Che: dos ejemplos de la historia



   Cada año recordamos el nacimiento del general Antonio Maceo y el comandante Ernesto “Che” Guevara, y por repetitivo que parezca, nunca dejamos de aprender de sus estaturas.
   Estos dos hombres nacieron un 14 de junio. Antonio Maceo y Grajales en 1845, cubano, santiaguero. Ernesto (Che) Guevara de la Serna en 1928, argentino, de Rosario. Los dos de nuestra América Latina.
   Maceo, el Lugarteniente General mambí libró enormes batallas en la manigua para librar a Cuba del yugo español. Che, el Comandante Ernesto Guevara desde su Argentina natal vino a suelo cubano también a combatir, esta vez  junto a los jóvenes rebeldes de la Sierra  Maestra.
   El mismo ideal por combatir las injusticias, la misma solidaridad y amor con los pueblos de América. La misma trayectoria combativa. Dos grandes figuras militares.
   Maceo, El Titán de Bronce de ideales revolucionarios e independentistas, de una gran estirpe y nobleza. Che, el Guerrillero Heroico, modelo de rebeldía, internacionalismo y justicia social. Los dos unidos en una misma fecha y en un mismo ideal.
   Fidel dijo de Maceo y Che: “ambos fueron invasores de Oriente a Occidente; ambos murieron en combate; ambos son hoy símbolos insuperables de valor e intransigencia revolucionaria; ambos están ahora junto a nosotros, y nosotros junto a ellos; ambos hicieron lo que todo un pueblo ha jurado estar dispuesto a hacer; ambos nacieron el mismo día: 14 de junio. El azar no habría podido idear algo mejor".
   El pensamiento de estos dos grandes hombres perdurará íntimamente ligado a la historia de Cuba, a la historia de América, a la historia del mundo. Su presencia histórica ocupará siempre un lugar de lucha por un mundo mejor.

lunes, 20 de mayo de 2019

Capitolio Nacional, joven en sus 90



“El Capitolio es de innegable belleza, serena y majestuosa, de líneas pura y severamente clásicas, de proporciones admirables donde contrasta la horizontalidad de las fachadas con la elegante esbeltez de la cúpula”
-       Emilio Roig de Leuchsering

  Es prácticamente imposible en tan corto espacio y con tan breve tiempo contar la formidable historia del Capitolio Nacional de Cuba, situado en el Paseo del Prado, entre el Parque de la Fraternidad y el Gran Teatro de La Habana, e inaugurado el 20 de mayo de 1929 bajo el gobierno de Gerardo Machado, y que hoy, está cumpliendo 90 años.

En el lugar donde hoy está el Capitolio fue, anteriormente, una extensa ciénaga, después un Jardín Botánico y luego la Estación Ferroviaria de Villanueva.
Estación de Villanueva
Después de adquirir los terrenos de la Estación, el congreso decidió, en 1910, construir lo que sería la sede del palacio presidencial. Se creó por Decreto una Comisión que presentaría las bases del concurso internacional para la selección  del diseño de lo que sería la casa de gobierno.
El 7 de agosto de 1911 el primer proyecto y ganador se presentó con el nombre de La República y tendría 100 metros de frente por 70 de fondo y 1 200 000 pesos de presupuesto. Marchó la obra hasta el gobierno de Mario García Menocal, quien aprobó una ley el 2 de julio de 1914, derogando las disposiciones anteriores y orientando la construcción del Palacio de los Congresos concediendo un crédito de 1 00 000 de pesos a razón de 200 000 anuales y una indemnización de 70 000 a los contratistas. Se modificaron los planos y lo ya construido y se encargó para la nueva obra a los arquitectos cubanos Félix Cabarrocas y Mario Romañach.
En un segundo proyecto Cabarrocas transformó completamente el original tomando como modelo un edificio de renacimiento francés y cambió el estilo de la cúpula por uno de sección cuadrada. Mientras él se encargó de las fachadas y las plantas, Romañach se dedicó a las elevaciones interiores.
El 4 de noviembre de 1914 la continuación de las obras se le confió a la sociedad constructora La Nacional, con un presupuesto que ascendía a 2 008 390 pesos. En 1919 se paralizaron los trabajos por Mario García Menocal como consecuencia del aumento de su costo por parte de los contratistas. El 21 de octubre de 1921, a pesar de estar adelantadas las labores, el presidente Alfredo Zayas decretó paralizarlas, pues la crisis económica del país impedía continuar. El terreno fue arrendado a una compañía particular para que instalara allí el Havana Park, un parque de diversiones que tenía hasta una montaña rusa. Con el tiempo desaparecieron todos los instrumentos de los contratistas y lo edificado se fue deteriorando.
El secretario de Obras Públicas, doctor Carlos Miguel de Céspedes, encomendó un nuevo proyecto, a los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas. Esta vez se dispuso subastar la construcción del Capitolio por decreto presidencial, y fue ganada por la Compañía de gran prestigio y solvencia, Purdy and Henderson. Introdujo al proyecto algunos cambios, siendo el más revelador el de la cúpula que la concibió más apuesta y enorme.
En este tercer proyecto la obra fue reiniciada en 1926. Participaron ocho mil hombres, españoles en su gran mayoría, cubanos y de otras nacionalidades, pues en el país no existía fuerza de trabajo para acometer una obra de tal magnitud y especialidad. Tampoco las herramientas ni máquinas idóneas capaces de dar molde a las piedras semejantes al mármol. Fueron instaladas nueve sierras con hojas de dientes desmontables y sembrados de diamantes que los canteros usaban para rebajar y ejecutar los acabados a las piedras de capellanía. Una grúa potente con capacidad para 15 toneladas era la encargada de descargar y alinear las piedras en caso de que no fueran a utilizarse inmediatamente. Luego el toque humano le daba el acabado necesario.
Las lámparas de bronce, los capiteles y las columnas del Salón de los Pasos Perdidos fueron encargados a Sunnier Duval Frisquet, de Londres. Las lámparas del salón de la presidencia del Senado y las de cuarenta bombillas de la Cámara de Representantes, todas de bronce laminado con oro viejo y cristales dorados con oro al mercurio, se hicieron en la Societé Anonime Bague, de París. Los mármoles que adornan el Salón de los Pasos Perdidos, el Senado y las escaleras de honor son de sesenta calidades diferentes. Todos los mármoles fueron traídos de Italia, incluido en antico verde.
La base de la estatua que simboliza la República está hecha de ónix egipcio antiguo. El bloque macizo, de formación estalactítica muy rara, pesa 300 quintales.
En el salón de conferencias del Senado hay un zócalo de mármol verde de los Alpes, con comisa de ónix dorado de Marruecos. Las pilastras son de mármol cipollino dorado oxidado. Los herrajes fueron encargados a la Yale de Standford, en Connecticut, Estados Unidos, que también confeccionó las cerraduras de estilo renacimiento italiano de la planta principal. Las oficinas de los secretarios de la Cámara de Representantes y el Senado las tienen estilo Jorge V, en tanto las de la Cámara son estilo imperio. Todas de bronce fundido con acabado de bronce antiguo.
De Cuba se utilizaron cinco millones de ladrillos, 150 mil bolsas de cemento, 3 500 000 pies de madera, 38 000 metros cúbicos de arena, 3 500 toneladas de acero natural, 2 000 toneladas de cabillas y 40 000 m3 de piedra picada. 
Conduce a la entrada principal del edificio una ancha escalinata de granito, con 55 escalones, 36 metros de ancho y 16 de alto.  A ambos lados del fin de la escalera aparecen dos impresionantes grupos escultóricos de bronce con pedestal de granito y una altura de 6,70 metros, del italiano Angelo Zanelli, una masculina que representa el progreso de la actividad humana, y la otra femenina que encarna la virtud tutelar del pueblo. Dos macizos en los extremos y doce columnas de orden jónico, seis en primera línea y las otras en la segunda línea de muros. Los pilares y los apiteles jónicos y romanos de dos caras destacan por sus enormes dimensiones. En el recibidor, en todas las puertas y los paneux laterales, hermosos recuadros de mármol Boticcino esculpidos por Angelo Zanelli.
Las logias, compuestas por columnas con sus bases y capiteles decorados y que forman entre ellas nueve intercolumnios en cuyos ejes están las amplias ventanas que dan al Salón de los Pasos Perdidos, y sobre ellas, recuadros esculpidos o metopas labradas en piedra en bajorrelieve, inspirados en temas simbólicos de la vida cubana.
Los decorados del lado derecho del pórtico capitolino significan el comercio terrestre, la molienda, el trabajo, la minería, la instrucción, la cerámica, la justicia, la mecánica, la familia, la industria ligera y el comercio marítimo. Los del ala izquierda a los descubridores, la siembra, los leñadores, la carpintería, el tabaco, la metalurgia, la agricultura, la caña, la forja de metales, la destilería y las hilanderas. Otras cuatro piezas en cada uno de los pabellones extremos, tres se hallan en sus frentes correspondiendo a sus tres intercolumnios. En el pabellón de la derecha están representadas la danza, la música, la poesía y la arquitectura. En el de la izquierda: las matemáticas, la química, la astronomía, y la física.
Foto Juvenal Balán
Por su elegante y monumental cuerpo, la cúpula deja ubicar al edificio desde diversos sitios de La Habana. Su altura alcanza los 91,73 metros. Atravesando el pórtico central  llegará a la rotonda bajo la cúpula. En su centro, y bajo la aguja central de la cúpula se halla el brillante de 25 quilates, que ubica el kilómetro cero de la Carretera Central. Se destacan en la cúpula los escudos de las antiguas seis provincias cubanas, y al final de cada una de las salas están las puertas de acceso a los salones y galerías, coronadas con el escudo nacional en bronce.
Foto: Juvenal Balán
En su nicho se aprecia la Estatua de la República, con un peso de 30 toneladas y una altura total de 14,60 metros, descansa sobre un pedestal de mármol de 2,50 metros. Es la figura de una mujer joven de pie, vestida con una túnica, con casco, escudo y lanza. Fue esculpida por Angelo Zanelli y para su modelaje se escogió a la cubana Lily Lalty. Por su tamaño es la tercera estatua bajo techo en el mundo.
Hermosa decoración y estilos arquitectónicos, mobiliario original, escaleras y puertas con mármoles y bronce respectivamente, destacan los salones. El Salón Baire, Salón Bolívar, Salón Baraguá, Salón Martí, que sirvió de antesala a la biblioteca. En todos ellos se reiteran rosetones con las iniciales, entrelazadas, de la República de Cuba. Creadas por artistas cubanos, y fundidas en Francia. Se aprecia el trabajo de los techos y puertas de los salones Yara y Jimaguayú, destinados a las reuniones de los comités de la Minoría y de la Mayoría parlamentarias.
En la parte posterior del edificio se encuentra el vestíbulo que conduce a las Escaleras de Honor, la cual debe su nombre a que sólo podía ser utilizada por los parlamentarios.
Los nombres de cinco obreros que perdieron la vida durante la construcción se encuentran grabados en una lápida que dice: " Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia y espíritu.”
Después del triunfo de la Revolución,  se convirtió en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Academia de Ciencias y se abrió a la población.
Por el grado de deterioro que presentaba se decidió cerrarlo para su estudio y posterior labores de restauración que comenzaron en el 2012. Esta tarea estuvo a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que dirigida por Eusebio Leal Spengler, logró rescatar los valores históricos y arquitectónicos de la emblemática institución.
Ha sido escenario de acontecimientos históricos y políticos, el 5 de julio de 1940 se promulgó en su escalinata la Constitución de 1940. En el año 2010 fue declarado Monumento Nacional y actualmente radica allí la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Después de su restauración abrió las puertas al público, y sus visitas son siempre guiadas y organizadas en grupos de 15 personas, las que podrán acceder a la instalación en horarios diferentes de martes a domingos.
Se ha convertido en tradición en Cuba que los visitantes de otras provincias del país y los turistas extranjeros se tomen fotos frente al distintivo y majestuoso edificio.
El Capitolio Nacional es el más grande símbolo de La Habana, la edificación más conocida y popular de los cubanos y en especial de los que nos visitan. Es considerada una joya arquitectónica del hemisferio occidental.